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Bálsamos corporales

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Bálsamos: qué son y para qué se utilizan

Cuando oímos la palabra bálsamo, probablemente nos venga a la cabeza el antiguo Egipto y sus momias embalsamadas. Lógico, ya que este término aparece de la utilización de este tipo de compuestos en el proceso de momificación para evitar olores provenientes de los cadáveres. También los griegos utilizaban estos ungüentos, aunque ellos lo aplicaban en sus deportistas para relajar los músculos.

Desde entonces, se han utilizado en multitud de ocasiones y en diferentes épocas, con fines medicinales y como remedios para la cicatrización de heridas, calmar dolores, o incluso curar afecciones como resfriados.

Actualmente, se utilizan de manera bastante habitual en cosmética, y son muy codiciados, ya que sin abandonar del todo su poder curativo, se utilizan para calmar, hidratar o revitalizar.

Un bálsamo, por lo general, se compone de resina, éster, alcohol y ácido. Dependiendo de la sustancia que predomine será más o menos viscoso, y según de qué árbol se extraiga la resina su aroma tendrá mayor o menor intensidad.

Los tipos más habituales y cómo usarlos

En el mercado de la cosmética, existen un gran número de estas soluciones, que podemos usar para diferentes momentos y circunstancias.

El que más conocemos es in duda el bálsamo labial. Suele ser mucho más efectivo que otros tipos de protectores para los labios, y su tacto y aroma hace que su aplicación sea muy agradable.

También podemos encontrar bálsamos para hidratar diferentes partes del cuerpo, que habitualmente se resecan más que otras. Es el caso de los bálsamos para pies y talones, o los reparadores, que podemos extender por todo el cuerpo.

Por último, existen bálsamos curativos, que mejoran la respiración -como los preparados a base de eucaliptus-, o los que relajan los músculos, calman las picaduras o las previenen, o incluso los que sirven para todo ello en un solo producto.

Debido a su textura densa y algo viscosa, a veces no estamos seguros de cómo debemos aplicarlo. Cabría pensar, dada su apariencia, que nos aportará demasiada grasa, pero nada más lejos de la realidad: se pueden utilizar para todo tipo de pieles, no solo las secas. Sólo deberás encontrar el adecuado para la tuya, como ocurre con cualquier otra crema.

Para aplicarlo, sólo es necesario coger una pequeña cantidad con los dedos y calentarla, frotándola entre ellos, para que se derrita un poco y así sea más fácil de extender.

Por lo demás, la utilizaremos como cualquier otro tipo de producto para la piel, es decir, siempre después de lavarnos las manos y asegurándonos de que la zona donde vayamos a aplicarlo esté muy limpia. De esta manera, el bálsamo penetrará mejor y se absorberá más rápidamente.

Eso sí, a la hora de conservarlos, es mejor hacerlo en un lugar fresco, ya que es mejor que no se derrita, a no ser que no te guste experimentar esa sensación entre los dedos y notar el aroma que desprende, mientras lo calientas con tus manos.

Los beneficios más valiosos de comprar bálsamos

La utilización de este tipo de compuesto aporta una serie de beneficios a nuestra piel y a nuestro organismo. El primero de ellos, y el más conocido, es su gran poder de hidratación.

Pero también son muy adecuados para calmar y reparar la piel dañada, así como para aliviar dolores leves, como por ejemplo, musculares o de cabeza.

Su perfume también es sumamente beneficioso, y dependiendo del árbol del que se extraiga su resina, nos calmará o nos revitalizará, por lo que hay bálsamos indicados para todos los estados de ánimo.

En Planeta Huerto te ofrecemos todos estos productos en nuestra tienda online, donde podrás encontrar una gran cantidad de artículos, todos ellos naturales, y muchos de ellos 100 % ecológicos.

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