No somos conscientes de la gran suerte que tenemos. En Occidente es fácil tener todo tipo de alimentos en cuestión de minutos. Esa facilidad para conseguirlos en muchas ocasiones, hace que no lo valoremos.

Comprar más de lo que podemos comer, no conservarlos como se requiere o, simplemente, no usar las “sobras” para preparar otros alimentos son hábitos perjudiciales, no solo a nivel ético o moral, sino también con respecto a sostenibilidad.

Todos estos alimentos requieren energía para procesarlos. Si decides tirar literalmente a la basura el alimento, no únicamente lo tiras a él, también tiras toda la energía con la que se ha elaborado.

¿Qué es el desperdicio alimentario?

Son muchas las definiciones dadas para definir el desperdicio alimentario, sin embargo, las más aceptadas hasta el momento son: todos aquellos alimentos listos y seguros para su consumo que son descartados o dejados de lado con respecto al consumidor - sin importar la causa.

¿Qué dice la ley sobre el desperdicio alimentario?

El año pasado, el congreso de los diputados dio a conocer un anteproyecto de ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario. Una normativa formulada para reducir los desechos alimenticios y fomentar un mejor aprovechamiento.

Para que te hagas una idea, podrá haber sanciones de hasta 140.000 € por prohibir la donación de alimentos. No distribuir los excedentes a entidades sociales o, incluso, discriminar el reparto de alimentos.

Desperdicio de alimentos en el mundo

Occidente es el país que más desperdicia comida del mundo. Más de un tercio del total de comida producida por el hombre se pierde cada año. Esto supone un total de 2.500 millones de toneladas; lo suficiente como para paliar el hambre que sufren otras poblaciones del mundo, como África.

Si lo extrapolamos a datos más precisos, esto quiere decir que se tiran 51 toneladas de comida al segundo. Según las estadísticas, esta tendencia va a más y se estima que en el año 2030 las toneladas de comida tirada por segundo aumentarán hasta 66.

Estados Unidos lidera el ranking de países que más comida desperdicia al año seguido de:

  • Australia
  • Dinamarca
  • Canadá
  • Noruega
  • Holanda
  • Alemania
  • Reino Unido
  • Malasia
  • Finlandia

¿Y qué pasa con España?

Según el informe de la FAO, en España se tiran casi 8 millones de toneladas al año (concretamente 7,7). Y algunos de los motivos que alegamos en este país son fechas de caducidad, envases demasiado grandes o el clásico donde los haya: comprar por capricho.

En cambio, Fernando Burgaz, director general de la Industria Alimentaria del Ministerio, dice que “La mayoría de ellos, el 80 %, se tiran a la basura en los hogares tal cual se han comprado. Solo el 20 % de los desperdicios es de productos ya procesados que han sobrado en la mesa”.

En los hogares es donde más se desperdicia la comida. Según el informe, un total de 1.325,9 millones de kilos de comida van a la basura en los hogares españoles cada año. Esto supone un 42 % del total.

Causas del desperdicio alimentario

Las principales causas que llevan a desperdiciar los alimentos son:

Problemas en la gestión en cosechas

Plagas, un uso inadecuado de fertilizantes o, incluso, ciertos problemas de selección puede hacer que los alimentos que iban a ser para el consumo humano, se pierdan.

No tener infraestructuras

Un precio desorbitado o no acondicionar los alimentos para que se pueda prolongar su vida útil es otra de las causas que puede llegar a perder alimentos.

No saber gestionar el producto

Descartar productos por fecha de caducidad aun siendo aptos para el consumo o descartar ciertos alimentos por tener un aspecto físico deficiente.

Preparar mucha comida

Un clásico dentro de los hogares, pero que también afecta a diferentes negocios dedicados al mundo de la restauración, es saber ajustar la comida al número de personas que la van a consumir. Y en caso de que sobre, no desecharla, sino aprovecharla para la siguiente comida del día.

En caso de ser un restaurante, existen herramientas que permiten que los consumidores puedan adquirir sobras de alimentos. Así, tanto el hostelero o comerciante como el cliente consiguen ganar.

Es hora de dar un giro al destino. Es hora de ser conscientes de que inculcar nuevos valores a nuestros predecesores es necesario si queremos conseguir un mundo más sostenible y, al fin y al cabo, justo. Evitemos que el número de toneladas para el año 2030 no solo no aumente, sino que disminuya desafiando todas las estadísticas.