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Condiciones de la tierra de cultivo

por Celia Gosálbez

Si tenemos pensado empezar a cultivar en la tierra o suelo (no en una maceta o recipiente), uno de los condicionantes más importantes es el tipo de suelo del que dispongamos.

 

La relevancia del suelo a la hora de cultivar se debe a que además de almacén, es también el laboratorio donde la materia orgánica es transformada en los nutrientes esenciales para las plantas.

 

Tierra de vida

 

 

Características del suelo: 

 

La calidad de nuestro suelo dependerá de tres características:

 

  • Cantidad de Materia Orgánica: Nos podemos hacer una idea de la cantidad de materia orgánica según el color de la tierra; cuanto más oscura, más materia orgánica. Además de la cantidad de materia orgánica, es igualmente importante la biodiversidad existente en el suelo, como microorganismos, gusanos, hongos, etc., que se encargan de transformarla y hacerla accesible para las plantas, como verdaderos fertilizantes naturales. Por tanto, sería recomendable evitar el uso de pesticidas que acaben con esta fauna tan valiosa.

 

  • pH: representa la alcalinidad o acidez de la tierra. Los valores óptimos para el cultivo oscilan entre 5,5 y 7. Para conocer el pH de nuestra tierra, podemos utilizar un medidor de pH o calcularlo con tiritas de pH (para ello se ha de disolver un poco de tierra en agua e introducir la tirita, el tono de color que adquiere la tirita nos da el valor del ph comparándolo con la escala de colores indicada en el frasco del producto). Si el pH es muy ácido, procederemos al encalado del suelo, esto es añadir cal (calizas, yeso o dolomías). Si el pH es muy básico, aportaremos materia orgánica en cantidad.

 

  • Textura y estructura: la textura de un suelo es la proporción en la que se encuentran los elementos principales que forman la tierra (arenas, limos, arcillas, materia orgánica). Por otro lado, la cantidad y distribución de estos elementos nos indicará la estructura del suelo Estas dos características derivan otras como la porosidad, la densidad o la capacidad de retención de agua y nutrientes.

Campos y cultivos.

 

 

Tipos de tierra:

 

En general, hay tres tipos de tierra según sus agregados: arenosas, francas y arcillosas.

 

Tierras arenosas:

 

Estas tierras son muy sueltas, se pueden observar a ojo los diferentes materiales de los que están formadas, si le añadimos agua y le frotamos los dedos notaremos aspereza y diferenciaremos los diferentes tipos de arena, además, notaremos que se satura con rapidez y que se seca rápidamente al aire.

 

Se trabajan con facilidad, pero retienen muy mal la humedad y los nutrientes (los pierden por lixiviación), para conseguir una tierra mullida y con capacidad de retención de humedad y nutrientes, le aportaremos materia orgánica.

 

Tierras francas:

 

Si las tierras son francas, estamos de suerte. Son las tierras ideales de huerto o jardín. Retienen bien la humedad sin apelmazarse, pues integran de forma equilibrada arcilla, arena, limos y humus.

 

Tierras arcillosas:

 

Este suelo, al añadirle un poco de agua se vuelve resbaladizo y puede amasarse como plastilina, pero cuando se seca queda un poco adherido a la piel. Retienen mucho el agua y tardan en secarse.

 

Las tierras arcillosas resultan más difíciles de trabajar. Se apelmazan con la lluvia o el agua de riego y cuando se secan se endurecen demasiado. Para trabajarlas, es aconsejable añadirle materia orgánica, pues aportará más porosidad y aireación.

 

Plantel de pimientos en Valencia

 

 

Con unas buenas prácticas agrícolas, agregando compost regularmente y realizando técnicas de laboreo, desarrollaremos una buena estructura, trabajaremos con un pH óptimo y generaremos una textura granular idónea para nuestro cultivo.

 

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