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Cómo preparar y germinar nuestros semilleros

Los maceto huerteros solemos pecar de querer abarcar más de lo que nuestro espacio nos permite. Empezamos a preparar semilleros sembrando todo aquello que nos gusta, sin pararnos a pensar en que quizás, con una buena planificación, todo sería mucho más fácil. Por ello, hoy, aparte de mostraros cómo germinar nuestras semillas, queríamos compartir con vosotros algunas pautas que os ayudarán a cultivar un huerto variado y adaptado a vuestras necesidades.

Saber qué queremos sembrar y cuándo lo tenemos que sembrar

El calendario de siembra debería ser nuestra Biblia hasta que tomemos conciencia de las estaciones del año y qué puede cultivarse en cada una de ellas. La previsión es fundamental, pues para tener las tomateras listas en primavera, debemos sembrar las semillas en invierno, cuando la temperatura nos parecerá muy alejada aún de la que hace en verano.

Por ello, mi recomendación es empezar haciendo una lista de aquello que querríamos cultivar y anotando al lado cuál es la época recomendada para sembrarlo. Nos será de gran ayuda elaborar un listado por meses y mantenerlo a la vista para así saber qué toca sembrar cada mes.

Nuestro espacio y nuestras limitaciones

El problema suele venir cuando tomamos consciencia de que, en los huertos urbanos, el espacio es limitado. Quizá teníamos intención de cultivar determinadas variedades de tomate, pero carecemos de los macetones necesarios para ello. Crear un listado con las medidas y calcular los volúmenes de cada uno de ellos nos permitirá saber qué hortalizas podemos cultivar ahí. Puede que tengamos que reducir drásticamente nuestros deseos en función de ello o utilizar otro condicionante para decidir cómo repartir la plantas, como la duración del cultivo o la necesidad real de cada uno de ellos.

A veces olvidamos que podemos llegar a ser autosuficientes cultivando lechugas, mientras que no evitaremos tener que comprar cebollas, tomates o pimientos, a no ser que el espacio no sea una limitación y estemos dispuestos a sacrificar parte de nuestro precioso tiempo en la preparación de distintos tipos de conservas.

En esto no hay dos hortelanos iguales: hay quien prefiere experimentar una gran diversidad de cultivos, mientras que otros desean tener sólo aquellos que más les gustan o, quién sabe, quizás proveerse de variedades de hortalizas poco habituales en tiendas o mercados.

En cualquier caso, siempre hay que tomar una decisión final respecto a qué plantas y en qué número podremos cultivar. Anotar estos datos en un cuaderno nos ayudará a valorar nuestra decisión a final de temporada y a aconsejarnos a nosotros mismos qué cambios deberíamos hacer el año próximo.

Los semilleros

Como habéis visto en el video, los semilleros no presentan grandes complicaciones aunque sí determinadas necesidades que nos pueden hacer fracasar. Las semillas son bebés, hay que estar muy pendientes de ellas, y por ello no es extraño que haya quien prefiera empezar comprando plantel hortícola, que vendrían a ser plantas ya adolescentes.

No hay que sentirse mal por ello: la mayoría de agricultores profesionales no germinan su propio plantel: lo compran. Pero hay algo romántico en iniciar uno mismo el proceso y sacarlo adelante: especialmente, la libertad de decidir exactamente qué variedades vas a cultivar, pues no todas ellas estarán disponibles en plantel.

La siembra directa

Precisamente, la búsqueda de plantel nos llevará a darnos cuenta de un hecho curioso: no existe plantel de determinadas hortalizas, puesto que algunas de ellas soportan muy mal el momento del trasplante. Por ello, se recomienda sembrarlas directamente en la tierra del huerto o del macetohuerto.

Aunque hay algunas excepciones, podríamos decir que por norma se recomienda la siembra directa para todas aquellas variedades de las que consumimos las raíces: zanahorias, rábanos, nabos, remolachas...

Las excepciones son las cebollas y los puerros, que se suelen germinar en semilleros para trasplantarlas posteriormente. Son algo más duras que el resto y soportan el trasplante a la perfección. De hecho, todas las semillas germinarían si las sembráramos directamente en el huerto. La decisión de no proceder así responde habitualmente a la necesidad de forzar la temperatura para adelantar la germinación.

Seguro que en algún momento del cultivo os sorprenderéis con una hortaliza espontánea, que germinará de una semilla olvidada en cualquier maceta o rincón. Lo hará cuando las condiciones ambientales en el exterior sean las más apropiadas para provocar su despertar. Suelen ser unas auténticas supervivientes: plantas fuertes que a menudo aparecen fuera o al final de la de temporada. Guardad las semillas que produzcan estas plantas, puesto que dará nuevas hijas de gran calidad.

El transplante

El momento del trasplante provoca dudas e inseguridad cuando no se ha realizado nunca antes. Un buen consejo para extraer las plantas de los recipientes es proceder con determinación y no agobiarnos si se nos queda una plántula entre los dedos o la tierra se desmorona un poco. Las plantas son mucho más resistentes de lo que creemos, y probablemente enraizarán sin problemas.

Lo que sí debemos cumplir a rajatabla es el proceso: enterrar el cepellón a la misma altura que la tierra del huerto, apretar la tierra o el sustrato a su alrededor, y regar a continuación.

A partir de aquí, nunca estará de más contar con una manta térmica que nos sacará del apuro si aún existe el riesgo de una bajada brusca de temperaturas.

¡A sembrar!


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